sábado 31 de octubre de 2009

-la noche que volamos-


Mas bien trepamos como lagartijas por el muro de un lugar tétrico a altas horas de la noche, mal ambiente el nuestro, y más por estar donde no deberíamos estar.

Hubo un tiempo que me dediqué en cuerpo y alma, sobre todo alma, a adivinar el oscuro mundo de ultratumba, ese que según dicen es el que nos toca cuando dejamos de estar en este otro ultraterreno, aunque más bien para muchos es un pisar terreno sin muchas ultranadas, nada, el pasar sin pena ni gloria. Pues en esos tiempos oscuros en los que mi vestidura acompañaba al sentimiento, juventudes cambiantes, siempre iba de negro, como un enterrador con su pala para ir desenterrando misterios; no tenía tan solo ganas de estudiarlo en los más raros libros de magia y otras artes paranormales, sino de experimentar todo eso de lo paranormal, porque esas cosas de normal no tienen nada, más bien algo muy dado al que cree firmemente en sus efectos, como una lectura fantástica ubicada en Turín, lugar donde hubo una plaga, no de peste, sino de posesiones diabólicas en un tiempo que eso estaba hasta en la sopa, mas no hubo ningún ateo que fuera poseído por un ser que en su mente no pulula, cosa curiosa eso, por lo visto querer es poder.

Mas a mi sin querer pudo y en una noche gris con aires de tormenta, a altas horas de la madrugada y en compañía de otra bruja, por sus ropas negras como las mías, pero los dos sin escoba; tuvimos la experiencia, al menos yo que siempre me llevo los palos, de ser agredido sin miramientos por un descarnado, eso creo, ya que no me quedé más tiempo en el lugar para preguntar porque leches me había pasado eso.

Noche como siempre en aquellos tiempos cargada de fiesta pachanguera y después del efluvio de los licores mundanos y poseedores del espíritu débil, - no se lo que posee más si don Lucifer o don J-B -, cuatro amigos quedamos en ir a mi casa a seguir con la ronda, con champagne o cava como se le quiere llamar ahora y charlas hasta altas horas de la noche. Mediados de octubre y como siempre en ese tiempo el alma pidiendo misterios. Pues de misterios acabó la tertulia entre los cuatro y después del bebedizo espumoso, ella y yo, los otros dos no quisieron, encantados por el poder surgido de una verde botella, mágico elixir de la uva, envalentonados por su energía, surgió la propuesta de ir a sentir el miedo a un cementerio, los dos se rajaron más bien por su estado demasiado poseído por la burbuja malandrina, pero nosotros dos con ganas de seguir el hilo de nuestra curiosidad, esa que mató al gato y por poco me deja a mí en lugares santos, coger una botella llena del brujo Codorniu y ala para las murallas del misterio.

Llegamos al lugar y al no poder entrar por la vetada entrada, cerrada a cal y canto, enfilamos mi auto a la parte de atrás y aparcando el mismo cerca de la muralla, subimos a su techo y de ahí a la cima, andando como funámbulos e intentando no perder el equilibrio, hasta un lugar lleno de enredaderas por el que nos desenredamos a tierra; oscuro lugar y oscuras tumbas por doquier y nosotros dos oscuros, nada la cosa estaba muy negra. Empezamos a dar vueltas acompañadas de sorbo va y sorbo viene, más otras cosas para pasar el rato, y en esto que mi bruja se acordó de un pariente extinto y hacia allí nos dirigimos para ella poder dar una memoria a su difunto. Yo mientras al ver una fuente olvidada de aguas pútridas plena, me senté en su orilla cansado de dar vueltas y con la botella verde entre las rodillas, a partir de ahí empezó la pesadilla....


No se de donde ni como pero si su fuerza, una presión sin brazo pero presión con efecto, se apoderó de mi cuello, de golpe hacia atrás me dobló como si fuera un muñeco y acabé tendido entre el agua podrida que estaba atrás esperando mi llegada, empecé a patalear entre el lodo y el líquido asfixiante, ya que esa cosa no me soltaba, cuando después de algunos largos tragos por querer pedir ayuda y en vez de surgir palabras entraba el sucio agua pensé - aquí te quedas-, de golpe una mano amiga de un tirón me hizo sentar, en una charca que no tenía ni medio metro de hondo, nos miramos estupefactos, ella blanca y yo negro, por la mierda de la charca, y saltando del interior y corriendo como locos dejando allí abandonada la culpable de nuestros equívocos, la verde botella, corrimos a todo correr escalando el alto muro como lagartos perseguidos por un depredador maligno, nos subimos al coche, di marcha atrás dejándome parte de los faros, un buen bollo como recuerdo y mi asiento sucio por el ungüento maldito o lodo embadurnado a mi cuerpo. Ahí no quedo eso después de estar más callados que una tumba sin poder dar explicación al hecho, dejé a mi bruja en su morada y yo me dirigí a la mía. Me duché con la ropa puesta y encendiendo velas positivas por doquier, insté al espíritu cabreado que me perdonara por haber usurpado su descanso. Una vez hecho entender mi ruego intenté dormir lo que pude, más al poco rato, no se si era por el elixir de la verde botella o por la porquería bebida del estanque, me puse tan enfermo que pensé, en el estanque no me he quedado pero aquí si en mi cama, por pillar una gastroenteritis de cuidado por el pútrido líquido del asquerosos charco. Visita al médico al día siguiente, jarabes y pastillas para curar los males del cuerpo, los del espíritu no podía ya que el cuerpo no me dejaba, por tener todo el rato que pensar en el. En dos semanas que duró el trance me olvidé por completo de su causa, después de volver a encontrar a mi bruja con mi salud ya recobrada no le dimos importancia al hecho, no tenía explicación, y como jóvenes que quieren vivir la vida y olvidarse de los muertos, seguimos con lo nuestro dejando el tema olvidado en la memoria.

Nada, que no se si existe la ultratumba, pero lo que si me di cuenta es que en momentos límite, al cuerpo le entra una energía misteriosa que no se sabe de donde viene, por lo de volar por el muro, la verdad que es curioso cuando el peligro acecha como el cuerpo cambia y parece que nos invade otra dimensión desconocida, creo yo que todo está aquí, al ladito, lo único que hay que abrir una puerta para dejarlo entrar, y yo a partir de aquel momento ya no he vuelto a abrir ninguna, por pensar que se cuele otro tan malo que me pueda dejar ko. Aunque si aquella vez llego a pasar al otro lado y me lo encuentro cara a cara en su terreno, la verdad que la cosa hubiera sido de otra manera, no se si allí se pueden arreglar las cosas como aquí, como ocurre muchas veces, a tortazo limpio por su criminal hecho y una vez muertos, por arreglar entuertos, ¿nos podemos volver a matar?....



martes 27 de octubre de 2009

-enfilando la ruta-



A ochenta hacia el sur, con la tartana a todo gas, y la biela dando la lata traca, tra, traca, tra, traca, tra, nada música de fondo y yo cantando de alegría con la radio a pilas, toda una sinfonía. Esa es la cuestión en la que me enfrasqué allá por los años ochenta, volviendo a su relato, que empecé en otro post sigo con este otro para ir desgranando mi odisea. Bonito hasta la entrada de la gran urbe por la costa, Barçalona, mucha gente, mucho coche y mucha más lata a mi hojalata, pues na, a irse por un desvío que la esquivaba, pero al buscar la entrada, cosa difícil de hacer con un trasto que necesita que se bajen dos para dar más empuje, encima nubarrones, ya no era una odisea, era el sea que se me venía encima, o sea un mar de lluvia, leches vamos bien.

Pude entrar pero a costa de colarme como el que se cuela en la fila sin pedir permiso piiii,poooo,puuuu, nada otra sinfonía de pitos a mi traca,tra, y a mi radio a pilas, si llego a grabarlo todo pongo de moda una canción Tecno, la leche de sonidos que se pueden obsequiar en según que situaciones, es como cuando se va uno a un lavabo público lleno de gente, porrooffff, pshiiii, brrrooouugt, es que nos gusta hacer ruido. Pues como pude y sin ver ni torta, porque el sea se me venía encima y con dos limpiacristales que les faltaba empuje, otro fliisschhh, flaasschhh, lento, muy leeeento, y agua, agua, mucha agua, y yo que no veo ni donde tengo el capó del coche. Mal rollo, pero me pude enfilar en la autovía atajante, algo mejor o peor que pasar el nefasto tráfico de una gran ciudad subido en un camello, mas o menos lo mio.


Pues me enfilé y al carril de menos velocidad, el primero, por donde suelen circular los vehículos más lentos, pero claro una cosa es lento y otra ir con una tortuga, así que yo el primero en el primero, jeje, pero en vez de enfilar, haciendo una fila, no delante sino detrás, y como ya estaba en plena grabación Tecno, continuaban los mooooccc, moooccc, peor, porque ya no eran dulces cochecitos, ni camionetas juguetonas, eran mastodontes de hojalata, o sea, camiones como una catedral, detrás de mi tortuga, cabreados porque ese día iban a llegar tarde a su destino, jeje, el nene les obstruía el paso.

Lluvia a mares, yo pegado al parabrisas para poder ver el mundo delante, entre el espejo del agua al caer, nada como Alicia en el País de las Maravillas, a veces creo que me veía a mi mismo reflejado entre tanta agua, mi cara de agobio, mis greñas, y entre ellas al conejito con su reloj diciendo -¡por aquí!, -¡por aquí!- pues yo por ahí, y encima el reloj del conejito atascado, porque aquello no acababa nunca. Al final se fue aclarando y los monstruos que me perseguían como las pesadillas en la noche me fueron adelantando, simpáticos sus conductores que me decían adiós amablemente con un dedito alegre entre todos los otros deditos, jeje, en el fondo somos educados, siempre nos dedicamos algún gesto.


Bueno logré salir del carril primero, y dejar de ser el primero, -la verdad que nunca me ha gustado ser el primero en nada, mejor no tener tanta relevancia-, y viendo una salida hacia una playa donde ponía Vandellós, pues yo para allá, que ya eran las dos, y había que comer algo. Volví a poner la radio ya que la orquesta anterior había acabado su actuación y todos los músicos se habían largado a tomar por...., ese era el gesto tan simpático que logré descifrar cuando estaba más tranquilo, en tiempos de crisis las mentes se vuelven más pastosas y no piensan tan bien, que se lo pregunten al Zapatero, que no tiene muy buenas ideas. Pues mira por donde enfilando hacia la playa, a la izquierda una central nuclear, que alegría para mi cuerpo, un ecologista subversivo ver al lado marino un contaminante excesivo; que más da cuando se está cansado, ni los ideales son asumidos. Pues aparqué, no había ni dios, ya que después del aguacero y fresquito que hacía, la gente normal se queda en casa, pero yo como la llevaba a cuestas, abrir la parte de atrás sacar una mesita y una silla, una lata de atún y un par de rebanadas de pan de molde, algo de zumo, y ala a contemplar el paisaje.


Empecé el Quo Vadis, historia de amor entre un patricio romano, Vinicio, y una cristiana rehén de una familia romana, Ligia. Bonita historia con un Nerón por medio, ese tan malo que no sabía lo que hacía, como todos los grandes dictadores de la historia, a punto de ser derrocado, también como han de ser todos los grandes dictadores de la historia. Pues nada bocata, zumo, todo para dentro, mientras las letras de la historia iban entrando en mi mente, bonito paisaje para desplazarme a las fábulas de otras épocas con una central nuclear al lado, pero la imaginación hace milagros y yo en ese sentido, por suerte tengo mucha.

Hornillo y un café, que no falte la dulce cafeína que siempre me acompaña en mi interior, otro vicio del que nunca me voy a poder separar, y luego de leer unas páginas bien cogidas por mis dedos, esos que suelen hacer ver muchas cosas si se quiere, ya que el furor de la brisa marina hacía que quisiera acabar el libro rápidamente, por su continuo pasarme las hojas como si su estrés fuera el mío..., algo de modorra, yo aunque me beba diez cafés siempre duermo a la pata suelta, pues ala, saco de dormir y siesta en la parte de atrás de mi magullada furgoneta.



Me quedo ahí dormido, soñando con dragones furiosos que hacen mooc, mooc, y otros mas pequeños que hacen piiii, poooo, puuu, mas un parabrisas sshhiiifft, sshoooffft y yo un Dj. de los mejores mezclándolo todo y sacando a la fama un disco Tecno. Entre ellos el conejito de Alicia, ¡por aquí!, ¡por aquí!, nada que ni el Lewis Carroll se lo podía montar mejor.


jueves 8 de octubre de 2009

-tos pa er cuartelillo-


Local donde se reunían todo un enjambre de avispas, avispones, mosquitas muertas, mosquitas vivas..., todo tipo de elementos en el nido, o lo que es lo mismo un bar de copas al lado de la playa. Lugar lleno de gente, de ambiente, de música, de baile, de gritos y de pachanga, y uno detrás de la barra para dar lo mejor a la parroquia, y la noche que acaba y la fiesta ha de seguir, clientes para un lado, y clientes para el otro, los pijos a su pijerío, los rokers a su rokerio, los punkis... ni idea, nunca sabían donde caerse muertos, a la playa seguro, con el calimocho y los porros, otras cosas imposible, con las pintas de pringaos.

Cierre, y como siempre alguno a mi coche para seguir la noche y en eso que ese día tres pijos se apuntaron, bueno, la ronda era empezar una, por una, y en la primera disco, ya metieron la pata, no los tres, pero si uno que por lanzao, le salieron mal los tiros. Follón en la barra, yo te pego y tu que no me pegas, entre medias, por supuesto, una chica, novia del no tan pijo, mas bien un tipo un poco fuera de tono, y yo que lo conozco, cliente también mio, y a hacer de intermediario para aplacar los ánimos, -¡¡ dejame que le doy un par de hostias a este capullo !!-,- dejalo hombre, nos vamos de aquí, te quedas con tu novia y todo arreglado, ¿no ves que está colocado?- pienso, pues anda que tu estás peor, -¡¡no, yo lo mato!!-, uf, mal camino, palabras muy fuertes, yo agarro al pijo, y cogiendo a otro amigo del no pijo y mio, le digo - quedate con este, que hoy es capaz de alguna burrada, yo me largo con estos tres y aquí no ha pasado nada-, -vale tranquilo, me hago cargo-.

Bueno, nos fuimos, en el coche el pijo acojonado -vaya tipo ese, estaba muy colgado-, -pues va a ser que si, pero ya está todo olvidado-, -tan solo le dije a su chica, hola guapa estas sola-, -pues mira nene, no lo estaba, y rondaba por allí su fiera, para saltar a la yugular de cualquier moscón como tu, cosas que pasan-, en estos diálogos interiores del huido coche, otro detrás que nos persigue, luces que se acercan peligrosamente, yo que me mosqueo y paro, detrás el otro; bajo, detrás baja el otro, y sorpresa, el amigo de los dos, no se hizo cargo y se le escapó la fiera que tiene ganas de guerra, yo por medio, triste escena, -¡¡ Toni, quita, que la cosa no va contigo, que salga ese capullo del coche y de la cara!!-, - ¡¡dejalo coño, que no ves que está acojonado, y lárgate hombre que no comprendo tu estado!!- yo también ya gritando. Pues no, el no pijo que se va al lado de la ventanilla de atrás donde está el pobre chaval con cara de susto,y aporrearla para hacer salir al conejo de la conejera, pero por desgracia la conejera o auto en ese momento el mio, y no me gusta que aporreen lo que es mio. Me dirijo a la ventanilla del conductor y bajada como está, meto la cabeza y dirigiéndome a los tres les digo, -tíos bajad, que conmigo somos cuatro y le paramos los pies, que esto ya está durando demasiado-, les costó bajar, chicos bien educados y no acostumbrados a estas otras tristes escenas de la noche.

Baja uno, dos, y el tercero, la pieza de la fiera, y horror, en vez de plantar cara uno que se larga algo lejos, el otro que se queda algo tieso y el tercero, la víctima, que empieza a dar vueltas alrededor del coche perseguido por la fiera, gracioso espectáculo y a mi que me da por reír, hacía gracia la pequeña maratón alrededor de mi coche. Me enciendo un cigarrillo y a esperar a ver quien llega antes a la meta, pero sorpresa y cabreo al mismo tiempo por mi parte, el no pijo, después de veinte vueltas y del ejercicio dispuesto en ello, que se espabila en la veintiuna, salta por encima del capó del coche y se lleva por delante la antena de mi radio, ¡¡mierda!! (puesta nueva no hacía ni una semana para irme de viaje al País Vasco, a los tres días de esta mala experiencia), miro hacia ellos, el no pijo ya tenía cogido del cuello al pijo, y yo algo cabreado agachándome para coger la pobre antena degollada, cagándome en to lo que podía cagarme del elemento no pijo, y plaf...., -nunca se os ocurra perder la guardia cuando a un elemento harto de tripis se le dice algo que no entra bien en su embotada mente-, pues eso plaf, dejó el cuello del pijo y viendo que el irresponsable ofensor de su persona, o sea yo, se agachaba, me soltó una linda patada que me dejó tirado en el suelo como un saco de patatas.

De lo otro no me acuerdo, normal, ya que hubo gente amiga que vino corriendo en ayuda hacia mi desmallada ausencia, hubo correteos por las aceras en persecución de esos amigos, por parte del loco lleno de sustancias químicas bastante alterantes de la conducta, mas no con sus patas, sino con el coche, peligroso asunto, una terraza y las mesas de un bar se fueron volando por el embiste del fulano, suerte que no hubo heridos, pero si Guardia Civil.

Desperté gracias al zarandeo de un agente de la autoridad, recuperando un poco la visión de las cosas, y sintiendo que mi mandíbula ya no estaba, -curioso hecho del entumecimiento, te tocas pero no se siente-, y algo de sangre en la boca, -un par de dientes que por poco dejan de estar en ella- (al final me fui de viaje al País Vasco, y los tres primeros días en Pamplona, sorbiendo sopa con una pajita, no me rompió la mandíbula pero si la dejó un poco inservible para según que menesteres), me recuperé dentro de lo que cabe, oyendo la voz de la ley, -¡¡ala tos pa el cuartelillo!!- subidos al jeep, ya había los tres pijos, bastantes blancos y un cuarto amigo que me extrañó verlo, -¿que haces tu aquí?-, el que luego en el trayecto me explicó lo ocurrido mientras yo tirado en el suelo veía en mi inconsciencia las galaxias dar vueltas por mi cabeza.

Denuncias, el no pijo no estaba, se dio a la fuga, unos por agresión otros por intento de homicidio, si no es por las mesas y las sillas del bar el que vuela es mi amigo, y yo que pienso...., estando delante un amigo guardia-civil conocido del pueblo, -tenía bastantes amigos en ese cuerpo, no todos son como los de un post anterior, esos que no saben lo que hacen-, bueno eso, pienso..., y le digo a mi amigo de la autoridad, -a ese tipo lo conozco y si me das su dirección-, que ya la sabían por la matrícula del coche, -le hago una visita y me entero de lo que ha pasado esta noche-, vale, me dio la dirección y diciendome -no hagas nada de lo que te tengas que arrepentir-, contesto, -no creo que haga nada, ya veo por mi mandíbula lo que es capaz de hacer el-.

Fui a la casa del no pijo al día siguiente, toqué la puerta y el la abrió, al verme se me echó encima, pero no para pegarme, sino para abrazarme, desesperado me dejó entrar en su piso, estaba con su padre, y llorando me dijo que sabía que algo había pasado, pero que de la mitad no se acordaba (efecto lógico de jugar con drogas duras y alcohol), le expliqué el caso y rogó que si se podría hacer algo, yo siempre he sido comprensivo y lo soy, si alguien me da un buen motivo lo entiendo, y como el me lo dio (es algo privado que no hace gracia ponerlo aquí), contacté con el amigo para que quitara la denuncia de homicidio y los tres pijos por la de agresión y me dirigí al cuartel para explicar que la cosa no era para tanto (según como se mire, por supuesto), me dijeron que vale pero algo se iba a llevar por la conducta temeraria y por arrasar la terraza de un bar, vale, pero no por causas peores como las anteriores de poner en peligro la vida de otras personas, aunque las puso y a mi me dejó la mandíbula en desuso durante una semana, tres días de ellos de viaje de vacaciones y con sopitas, jeje, hay que tomárselo a guasa, pero si hay una explicación y por culpa de las puñeteras drogas se pierde el rumbo, mejor comprender. Luego el se convirtió en un amigo de los mejores, por el gesto hacia su "pequeña enajenación", y dentro de lo que cabe, nos fuimos todos pa el cuartelillo pero a nadie menos a mi mandíbula, les paso nada grave.

martes 29 de septiembre de 2009

-brumosos amaneceres-



Andantes quijotes de las noches festivas, cerrando locales y abriendo nuevas puertas de los intempestivos after-hours, con ganas de seguir el ritmo que nunca había de parar, aunque el cuerpo ya no aguantase y el sueño olvidado por el continuo aliciente; se engañaba a la mente con el desenfrenado furor del ambiente, que no hay quien la frene cuando el licor fluye por las venas como la sangre azul por la insulsa realeza, cuentos de unos y cuentos de otros, borrachos de poder ante todas las cosas por el engaño del sopor alcohólico, y otros confundidos por la modorra ideológica, al pensar que todo ha de tener cabida en las viñas del señor, en unos las copas, en otros los reyes, y así cada cual jugando sus cartas, que la vida es breve.

Noches locas aquellas, en las que seguir hasta el amanecer era el pan nuestro de cada noche, por tantas copas servidas en el cáliz libidinoso de muchos locales rondados, ofertadas sin mesura en largas barras de las discos de moda. Vivirlas hasta el fin, no llegando nunca a acabar la partida, vicio nocturno en el que todo es mágico y viendo que el sol sale, aún mejor, unos madrugando y otros renegando, unos de no querer largarse de una vez a dormir la mona, y los que madrugan, porque la mona que toca es el obligado pan nuestro de cada día.

Pues así muchos días, ya que el sol siempre salía cuando menos te lo esperabas y con gafas oscuras para que no se vieran los ojos del diablo de la nocturnidad y la alevosía, ala, que en la dualidad de esa vida, se pasaba de la oscuridad a la luz, como un ángel caído que de golpe le entra por hacerse pio, pero aquí no es esa la cuestión, ya que cuando los pajaritos empezaban a hacer pío, pío, es cuando se pensaba, -¡¡ leches creo que se está haciendo tarde !!-, pero aún, en el "peor de los casos", los placeres libidinosos del dios licor, nos llevaban lejos y lejos, y aún más lejos, en vez de arroparse en las justas sábanas blancas que dieran pureza al brumoso estado de nuestros pensamientos, sino al largarse al quinto pino, y seguir buscando al quinto elemento, que la verdad, no se si existe, pero en esos instantes, -¡¡ todo es posible !!-.

Afters (o mejor dicho, burradas del no querer dormir) donde era posible que de vez en cuando, se acabara en alguna ciudad de los alrededores o allende de lo que se puede considerar cercano, y en Andorra comiendo una paella más de una vez, en Barcelona o Valencia, en las "rutas del bacalao", o en algún apartado lugar del mundo, que después de levantar la cegada vista a las tantas de la tarde del continuo día pecador, se pensaba, -¿como habremos llegado hasta aquí?-; cosa curiosa del despertar brumoso, en los amaneceres pecadores, que como triste faceta del cerebro embotado, una vez pasados los ánimos posesos de las noches "diabólicas", la memoria anestesiada por el veneno de la lujuria, no tiene ni puta idea de los curiosos caminos del señor licor, que cuando fluye a raudales, los afters, y con ello los amaneceres brumosos, se suelen hacer muy frecuentes.


sábado 19 de septiembre de 2009

-a ochenta hacia Andalucia-



Año feliz, año en el que por suerte me libré de un fatídico poder estatal, por el que te hacían estar un año o más, jodido, por el hecho de mandarte a hacer el memo a campos llamados militares, eso, la mili, tontería mayúscula pero obligada, sino prófugo e indigno de pertenecer a tu patria, cosa que a mi me gusta vivir en este país, pero no es parta tanto, por tener que estar todo un año, aguantando a subnormales o sea, altos mandos, acostumbrados a vomitar las palabras más bonitas que podían salir de sus necias bocas, como, mierda de capullo maricón, porque entre esos había muchos machos, jeje, y que lo digan, muchos machos, rodeados tan solo de otros muchos machos, siempre respetando al colectivo gay; no era el hacerte hombre con arrojo y ganas de matar o morir, sino putearte todo un largo período de tu vida, jugando a hacer el gilipollas. El hecho de no ir a esos lugares de martirio incomprensible fue por licenciarme sin un día de su influjo al ser excedente de cupo, o sea, que no cabíamos tantos en tan pocos campamentos, gracias a nacer yo en los años sesenta, esos del babe boom español, en que éramos como conejos para repoblar (no se extinguiera la raza humana, por si acaso) las "extensas tierras españolas".

Bueno, pues en eso, en la temporada de aquel verano, en mi negocio junto a la playa con mis hermanitos (en la que me pude ganar buenos cuartos y no perder encima dinero gastándolo en desplazarme a donde el estado quisiera, y encima sin pagarte ni un duro por semejante desvario; ya hacía tiempo que no dependía de la autoridad paternal y menos de su participar en mi economía, cosa que tenía que sacar por mi mismo, a costa de mis horas de trabajo, no haciendo instrucción gratis para un supuesto estado), la amiga de mi novia, en aquellos tiempos, se había echado un novio de Jaén, y cuando acabó la temporada propuso irnos a las ferias de su pueblo, yo con mi tartana o sea un citroen 8 furgoneta algo baldado, y luego mi novia en bus a la semana siguiente, ya que en su trabajo no le daban más de dos semanas de vacaciones.


El vehículo en cuestión, de mis años de hippioso, lleno de pegatinas, bollos de locuras juveniles, y encima para más inri, con una biela del motor un poco suelta, fue llevado a un mecánico amigo, y le comenté -¿con esto puedo llegar a Andalucia?-, jeje, rió un poco y mirándome como si estuviera algo colgado, me dijo -claro que si, pero no se te ocurra pasar de ochenta, que si no te quedas tirado en cualquier lado-, contesté, -pues bueno, le ponemos sus niveles correctos y los frenos que frenen y yo me encargo del resto-. Listillo que soy, pues mi encargarme del resto, fue buscar un tocho de madera que pudiera encajar bien detrás del acelerador para no pasar de ochenta "et volià", todo solucionado.

El día del evento, el de salir a "toda leche" hacia las tierras del sur, llené la parte de atrás de la furgoneta de alimentos "muy sanos", latas, pan de molde, líquidos para no quedarme seco y alguna que otra fruta, (poco comía en aquellos tiempos que estaba bastante delgaducho), un peto baquero y alguna ropa más, un saco de dormir, una carpa militar, y un macuto de la mili como mochila (je,je, cachondeo al no estar donde debería estar, regalado por mi hermano algo mayor, que si que estubo donde no debería haber estado), un libro como amigo, Quo Vadis de Henryk Sienkiewics, la radio a pilas, ya que mi furgo no tenía de eso, y ala, para allá, chinu chanu, como se dice por estas tierras.

Tres días tardé en llegar, todo un record, pero las aventuras de mi marcha, se han de contar una, a una, ya que hubo de todo y si sigo me voy a alargar tanto que en vez de post, voy a hacer una novela, pero bueno, aquí dejo esto, y luego lo otro cuando me inspire, que así hay más motivo para seguir una pequeña aventura, como tantas de tantos, a los que quieran seguir conmigo.

domingo 31 de mayo de 2009

-la hamburguesa atragantada-




Calientes noches de verano, en tiempos donde el coche era el elemento para poder dar rienda suelta a los instintos en su interior, en un lugar bonito, con unas cocas-colas y unas hamburguesas de fast-food; se iba uno en compañía del amor de antaño, a un pequeño acantilado con vistas al mar, con música romántica y ñam, ñam. Después algunos revolcones y a contemplar la luna brillando en las aguas tranquilas. No había más remedio que irse al coche en el estío, o a cualquier lugar donde hubiera intimidad y comodidad, en verano la intemperie es afectuosa, ya que en invierno era diferente en el pequeño hostal donde vivía al lado de la playa, ya que tenía muchas habitaciones donde realizar nuestros jóvenes juegos de cama, divertidos por cierto por los cambios de cuartos a escoger y el lugar bastante tétrico en esa estación, hostal con muchos años a sus espaldas, y en invierno todo el lugar abandonado y solitario, dando mas emoción al amor, pero en verano lleno de turistas y con la habitación para descansar los cansancios típicos de las temporadas veraniegas al lado mismo del bar restaurante, no era muy aconsejable ni tranquilo, darle rienda suelta al elemento amatorio con tanto jaleo alrededor, así que al ladito del mar y tranquilitos en ese apartado y oscuro lugar, cuando un pequeño tiempo de descanso me ofrecía el trabajo en la empresa familiar; que estaba la mar de bien, cuatro meses de duro trabajo diurno en un bar restaurante en la playa, luego sus consecuentes fiestas nocturnas, acabando al final de temporada más delgado que un muerto de hambre, y el resto del año a rascarse la barriga y recuperarse, que buenos tiempos aquellos.

Pues a lo que iba, en eso que empezamos a darle a lo que algunos llaman carne, pero es más bien un sucedáneo raro de ella, no se, ahora ya no como esas cosas, pues bien, de pronto detrás de mi coche, una luz que se acerca por el apartado camino, se paran los faros detrás de mi tranquilo romántico auto, notando que eran los de un amenazador todo terreno, y de golpe se encienden dos focos más en la parte de arriba que nos dejan ciegos por momentos, y a mi subiéndome un cabreo mayúsculo por adivinar gracias al color verde oscuro y un escudo bien identificador del cuerpo de pertenencia de los individuos del interior del cacharro entre tanta luz reflejada en el espejo retrovisor; de quienes se trataban y lo que esperaba, y así fue, vi dos botas militares apearse del vehículo pertenecientes a un tipo con uniforme y lo mas jodido, con metralleta en bandolera, y con un tricornio ajustándose en la mollera, adivina adivinanza, la guardia civil, o picoletos, gente con mucha mala leche en aquellos tiempos que venía hacia mi bajada ventanilla a tocarme las cosquillas. --¡¡ Que coño querrán ahora estos!!--, charla entre nosotros antes de llegar el objeto oscuro de la ley hasta mi altura. --Buenas noches--, con el típico estúpido saludo militar que se lleva la mano a la frente, --documentación por favor--, documentación ofrecida, --que hacen ustedes aquí--, --pues ya ve comiendo, o es que está ciego-- yo poniéndome vacilón, --este no es un lugar para estar--, --ja, porque usted lo diga--, --pues si, lo digo yo--, -- pues yo que me quedo aquí porque me sale de los huevos--, --así que vayase a la mierda--...; patatin patatán la cagué, bien cagada y yo por poco de verdad me cago, y mi chica que se asfixia con el bocado de bocata, que en ese momento se había puesto en la boca, ella se puso a toser, y yo enajenado de golpe por una mano cabreada que abrió la puerta del coche y un cañón de metralleta que se ponía demasiado cerca de mi frente, con posibilidad de ser convertido en un otro posible trozo de carne inerte, si por aquella cosa tan mortífera se escapaba algo de metal y se incrustaba en mi pobre cabecita contestona. Todo se convirtió en una funesta pesadilla, lo bonito y bucólico de unos minutos antes, en un salir dando traspiés entre piedras a un metro y medio de un tipo de la ley algo pasadillo de rosca, apuntándome con un arma cargada, yo con los brazos en alto, deslumbrado y espatarrado, mi chica atragantada y tosiendo por el errado entrar del bocata, no por el esófago sino por la tráquea, mientras el guardia civil bravucón, aún haciendo más el memo. --¡¡Abre más las piernas, y levanta más las manos!! --(joder ya no podía levantarlas más, que tienen una medida que no se puede traspasar, pero esa gente no se si podían darse cuenta de eso, ya que con sus dedos enroscados a un gatillo, son capaces de hacer que uno hasta vuele como un pajarillo, por la cuenta que nos trae),--¡¡y quietecito que ya sabes lo que te puede pasar!!--, pues ¿es que era algo corto el hombre?, por la cuenta que me traía más quieto que una estatua, aunque los pies me temblaban bastante y me sentía algo confuso y acojonado, con ganas de mearme encima, por ver lo cerca que se puede estar del otro barrio teniendo tan cerca un arma apuntando.

El hombre uniformado que se acerca al lado izquierdo del conductor, y en eso que mi posible ejecutor aún llevaba mi carnet de conducir en la mano libre de su aparato dispensador de mortíferos balazos, que se la alarga a otra uniformada que sale al encuentro de mi documento, se introduce la mano dentro y se oye el chip, chip, greegg, greeegg, chip, chip, del hablar por el micro preguntando datos y antecedentes del tipo blanco como los pétalos de la margarita y temblando como un flan, detrás del cual una chica se recuperaba de su posible ida al otro barrio por asfixia inminente, nada un drama, y esos "representates de la ley" sus creadores. Como hacerle eso a dos chavales con diecinueve y dieciocho años, sabiendo que la cosa no era para tanto.

Nada, en vista de la limpieza de mi currículum policial y de mi inocencia sin tacha, eso si una boquita que podía estar más callada en según que circunstancias, en las que se puede perder más que ganar, el tipo bajó el objeto oscuro de mi perdición, se la dejó colgando apuntando hacia abajo, que no erecta y dispuesta a dispensar dolor y no placer, y --¡¡ala a largaros con viento fresco y rapiditos de aquí que ya sabéis lo que os toca!!--. --Si señor, si señor lo que usted diga--. Media vuelta y abur picoletos, que me habéis jodido la cena y la contigua fiesta, pero al menos estamos vivos que es lo que más importa.

Una vez espantados como pollos y bajada la colina, comenzando a hablar otra vez como seres humanos después del susto, primero, recuperar los ánimos y luego a dialogar en el por qué de la actuación, y la lógica estaba que estábamos donde ellos querían estar, y claro, los dos señores en su ronda nocturna, en ese lugar en el que se divisaba gran parte de la bahía y las playas colindantes, era un lugar estratégico para aparcar su todo terreno y que los picoletos cumplieran con el control de posibles delitos playeros, esas barcas que se acercan en la noche y que pueden llevar mercancía ilegal, pero nosotros íbamos en pareja a hacer lo que hacen dos enamorados, y ellos en su obligación marcial y de seguridad, pero en un lugar tan bonito y romántico, también en pareja..., jeje, vale que tenían que cumplir son su deber, pero..., la noche es larga y la soledad hace cosas raras en dos cuerpos tan cerca... ejem,ejem, nosotros nos fuimos y no pudimos acabar nuestra velada, pero aquellos dos con las armas tan grandes...., ¿como acabarían su larga noche?; no se, ni me importa, pero a mi nunca me ha gustado, ni a nadie creo, que tan solo por comer dos inocentes hamburguesas una pareja de jóvenes, a la luz de la luna, no es motivo para sacarte a gritos con un arma apuntando tu frente y pareciendo un delincuente común. Por eso un consejo, otra vez que un señor de la ley se acerque al auto, hacedle la pelota, que ellos la tienen muy grande y los que no, se les puede escapar el pis por el acojone que da el que te la pongan en la cabeza.


domingo 30 de noviembre de 2008

-el amanecer beato-


Era un tiempo de perdida fe y perdida vida, donde las fiestas estaban por doquier y las noches se alargaban como el deseo en alta mar. Mi mente ofuscada por tanto libar los efublios de los alcoholes libidinosos, servidos en barras pegadizas y que necesitaban ser aguantadas por los codos de los hurones a la caza de los escurridizos conejos. En eso que en mi obsequiar dulces palabras a dulces princesas de la noche, no inspirado en ello, por haber sobrepasado el límite de la correcta dicción, en vez de hola que tal -goola gue tzzal-, (es curioso pero la beodidad da un nuevo enfoque al idioma, es una jerga bastante común a partir de ciertas horas de la noche y en según que lugares de ocioso faranduleo). Pues nada, que mi mente distorsionada al ver que no me hacían el mas mísero caso, por la poca presencia y tacto, el nene que empieza a divagar sobre lo duro de la existencia, y tras ver que la noche estaba perdida como un rayo en la cresta de una ola, me dirigí a la puerta dando codazos a troche y moche y a un lugar de inspiración divina que me largué, veintipocos años encima y mucha tontería también.

Tiempos en el que el conducir un poco bebido no eran motivo de preocupación, ya que no existían los justiciosos controles que ahora nos brindan, como el cava en un par de copas, en todas las salidas cargadas de elementos alcoholizados dispuestos a soplar la gaita que ellos amablemente introducen en las "boquitas de piñón", (es que es verdad la boquita de piñón que se pone cuando el Ballantines se nos ha escapado de las manos). Pues nada, como que antes, no se por qué, a ciertas horas de la noche los coches tenían como una especie de "piloto automático" y nunca pasaba nada, (eso si la acera y el coche al aparcar, siempre quedaban algo mas alejados, (motivo de comentarios varios y risitas de los vecinos prudentes), siempre uno se aventuraba en la mágica historia de la noche, rotos los tapujos y la vergüenza al retar al hígado su labor de frontera, a crear situaciones raras y dar respuestas al mundo de la mística, que cuando se liba se mistifica todo.

Poc a poc, como se dice en Cataluña, se llega a todos lados y yo que llegué a un monasterio cercano, para que algún sirviente de la justa creencia me diera un doctrinal ejemplo de que leches hacemos aquí entre los vivos. Conduciendo como el que tiene muchos años y le fallan los reflejos, pude arribar a un pequeño parking cerca de la entrada que corona un muro y por el que se accede al interior por unas pequeñas escaleras. Subí los pocos peldaños, gracias a ello fáciles de remontar y no cansinos por su gran número, prudentemente por si un traspiés diera con mis huesos en este santo lugar, y con ello alguno roto, y me encontré en un corto camino baldosado franqueado por altos cipreses, que daban ese toque romántico que dan todos los caminos franqueados por algún árbol, en este caso el ciprés, árbol que también parece que busca respuestas en el cielo. Al final del camino una iglesia, y al lado el monasterio, pues yo me encaminé hacia la puerta de la iglesia por ser un lugar donde siempre puede estar una puerta abierta a todos los atribulados creyentes. Intenté abrir la puerta, y no, no estaba abierta a mi tribulación y a mis preguntas. Di unos toques de gracia con la aldaba (pumpurupumpum,punpun) por tener la mente algo graciosa y al ver que aquello no se abría me di media vuelta y me dispuse a partir con mis preguntas. Al llegar casi a las pequeñas escaleras, una voz que se alzaba entre el chirrido de unos goznes, -- ¿ que deseabas hermano? --. Me asusté por la sorpresa y el tono de amor en la pregunta, y un poco turbado pensando que no eran momentos para molestar a nadie y menos a gente de paz, intenté decir que nada que me había equivocado, (como el que se equivoca de portal en una ciudad a las cinco de la mañana y donde no había muchos portales por lo apartado y solitario del lugar, algo poco normal), pero viendo la tontería del decir eso, me volví a dirigir hacia él y le dije en tono solemne, que --busco una respuesta a mi vida--.

-- Pasa hermano, pasa, en la casa de Dios tienes muchas respuestas --. En un principio me quedé de piedra ya que no me imaginaba esa confianza hacia un tipo que aparece a las tantas a aporrear su puerta, por mucho que sea una puerta de acceso a nuestras venturas. Luego encendió todas las luces, y me dijo, -- que quieres hacer, hablar conmigo o con Dios --, yo le contesté que primero lo iba a hacer con Dios, aunque no tenía muchas posibilidades de ello, ya que mi mente, que es por donde se habla con un ser perfecto, yo de perfecta no la tenía, después de tenerla bajo el influjo maligno del licor y sus consecuencias, pero probé, y sentado en un banco cerca del altar me dispuse a meditar sobre el por qué de las cosas. Poco rato estuve así, ya que en vez de meditar me balanceaba de un lado a otro por la falta de equilibrio al tener ese mecanismo cerebral demasiado "engrasado", y opté por sentarme al lado de aquel buen hombre (el mientras había ocupado un banco de atrás), con su permiso, y a intentar entablar un diálogo coherente, dentro de mi falta de lo mismo.

Me dijo como se llamaba, y me respondió a todas las preguntas con realidad y conciencia. Viendo que mi estado no era el lógico para ahondar en cuestiones muy profundas, me dijo que la paz que se siente en el alma, es algo que se tiene que mejorar con conductas rectas, que el clamor de las fiestas está bien, pero que si se abusa no (eso ya lo se), a mi pregunta capciosa de que si no se aburría en un lugar así (no sería mucho mayor que yo en en aquellos años, rondaría la treintena), me dijo que cuando uno encuentra un camino y se siente bien en su realidad, no existe el aburrimiento (que razón tenía el hombre, ya que yo en el fondo si que me aburría en mi momento, sino no le fuera dado tanto al Ballentines), que lo absoluto no existe y la perfección tampoco y por eso en la vida nos hacemos tantas preguntas, para que al pasar los años, con una buena respuesta a la vida, en el acontecer de los días, muchas se responden por si solas.

Hablamos largo y tendido, todo sobre esa misma lógica, de las causas y sus efectos, y mientras, durante la charla, un rayo de luz empezó a filtrarse por la puerta entreabierta, y yo al ver lo tarde que se había hecho, le di las gracias con un abrazo y una pizca de emoción, por haberme escuchado y aguantar mi pequeño desvarío matutino, el le restó importancia y me despidió con un -- vuelve cuando quieras, pero mejor a otras horas -- y yo me dirigí a mi coche con una nueva visión en mi vida. Que el Ballantines no va bien para meditar, y que si no ligas es porque no es recomendable estar demasiado beodo. De lo demás, aunque se haga algo fuera de lo normal pero se es bueno y de carácter afable, no se tiene que escandalizar a nadie, y menos a gente con buenos sentimientos en un beato amanecer.

Plantilla original blogspot modificada por plantillas blog