
Mas bien trepamos como lagartijas por el muro de un lugar tétrico a altas horas de la noche, mal ambiente el nuestro, y más por estar donde no deberíamos estar.
Hubo un tiempo que me dediqué en cuerpo y alma, sobre todo alma, a adivinar el oscuro mundo de ultratumba, ese que según dicen es el que nos toca cuando dejamos de estar en este otro ultraterreno, aunque más bien para muchos es un pisar terreno sin muchas ultranadas, nada, el pasar sin pena ni gloria. Pues en esos tiempos oscuros en los que mi vestidura acompañaba al sentimiento, juventudes cambiantes, siempre iba de negro, como un enterrador con su pala para ir desenterrando misterios; no tenía tan solo ganas de estudiarlo en los más raros libros de magia y otras artes paranormales, sino de experimentar todo eso de lo paranormal, porque esas cosas de normal no tienen nada, más bien algo muy dado al que cree firmemente en sus efectos, como una lectura fantástica ubicada en Turín, lugar donde hubo una plaga, no de peste, sino de posesiones diabólicas en un tiempo que eso estaba hasta en la sopa, mas no hubo ningún ateo que fuera poseído por un ser que en su mente no pulula, cosa curiosa eso, por lo visto querer es poder.
Mas a mi sin querer pudo y en una noche gris con aires de tormenta, a altas horas de la madrugada y en compañía de otra bruja, por sus ropas negras como las mías, pero los dos sin escoba; tuvimos la experiencia, al menos yo que siempre me llevo los palos, de ser agredido sin miramientos por un descarnado, eso creo, ya que no me quedé más tiempo en el lugar para preguntar porque leches me había pasado eso.
Noche como siempre en aquellos tiempos cargada de fiesta pachanguera y después del efluvio de los licores mundanos y poseedores del espíritu débil, - no se lo que posee más si don Lucifer o don J-B -, cuatro amigos quedamos en ir a mi casa a seguir con la ronda, con champagne o cava como se le quiere llamar ahora y charlas hasta altas horas de la noche. Mediados de octubre y como siempre en ese tiempo el alma pidiendo misterios. Pues de misterios acabó la tertulia entre los cuatro y después del bebedizo espumoso, ella y yo, los otros dos no quisieron, encantados por el poder surgido de una verde botella, mágico elixir de la uva, envalentonados por su energía, surgió la propuesta de ir a sentir el miedo a un cementerio, los dos se rajaron más bien por su estado demasiado poseído por la burbuja malandrina, pero nosotros dos con ganas de seguir el hilo de nuestra curiosidad, esa que mató al gato y por poco me deja a mí en lugares santos, coger una botella llena del brujo Codorniu y ala para las murallas del misterio.
Llegamos al lugar y al no poder entrar por la vetada entrada, cerrada a cal y canto, enfilamos mi auto a la parte de atrás y aparcando el mismo cerca de la muralla, subimos a su techo y de ahí a la cima, andando como funámbulos e intentando no perder el equilibrio, hasta un lugar lleno de enredaderas por el que nos desenredamos a tierra; oscuro lugar y oscuras tumbas por doquier y nosotros dos oscuros, nada la cosa estaba muy negra. Empezamos a dar vueltas acompañadas de sorbo va y sorbo viene, más otras cosas para pasar el rato, y en esto que mi bruja se acordó de un pariente extinto y hacia allí nos dirigimos para ella poder dar una memoria a su difunto. Yo mientras al ver una fuente olvidada de aguas pútridas plena, me senté en su orilla cansado de dar vueltas y con la botella verde entre las rodillas, a partir de ahí empezó la pesadilla....

No se de donde ni como pero si su fuerza, una presión sin brazo pero presión con efecto, se apoderó de mi cuello, de golpe hacia atrás me dobló como si fuera un muñeco y acabé tendido entre el agua podrida que estaba atrás esperando mi llegada, empecé a patalear entre el lodo y el líquido asfixiante, ya que esa cosa no me soltaba, cuando después de algunos largos tragos por querer pedir ayuda y en vez de surgir palabras entraba el sucio agua pensé - aquí te quedas-, de golpe una mano amiga de un tirón me hizo sentar, en una charca que no tenía ni medio metro de hondo, nos miramos estupefactos, ella blanca y yo negro, por la mierda de la charca, y saltando del interior y corriendo como locos dejando allí abandonada la culpable de nuestros equívocos, la verde botella, corrimos a todo correr escalando el alto muro como lagartos perseguidos por un depredador maligno, nos subimos al coche, di marcha atrás dejándome parte de los faros, un buen bollo como recuerdo y mi asiento sucio por el ungüento maldito o lodo embadurnado a mi cuerpo. Ahí no quedo eso después de estar más callados que una tumba sin poder dar explicación al hecho, dejé a mi bruja en su morada y yo me dirigí a la mía. Me duché con la ropa puesta y encendiendo velas positivas por doquier, insté al espíritu cabreado que me perdonara por haber usurpado su descanso. Una vez hecho entender mi ruego intenté dormir lo que pude, más al poco rato, no se si era por el elixir de la verde botella o por la porquería bebida del estanque, me puse tan enfermo que pensé, en el estanque no me he quedado pero aquí si en mi cama, por pillar una gastroenteritis de cuidado por el pútrido líquido del asquerosos charco. Visita al médico al día siguiente, jarabes y pastillas para curar los males del cuerpo, los del espíritu no podía ya que el cuerpo no me dejaba, por tener todo el rato que pensar en el. En dos semanas que duró el trance me olvidé por completo de su causa, después de volver a encontrar a mi bruja con mi salud ya recobrada no le dimos importancia al hecho, no tenía explicación, y como jóvenes que quieren vivir la vida y olvidarse de los muertos, seguimos con lo nuestro dejando el tema olvidado en la memoria.
Nada, que no se si existe la ultratumba, pero lo que si me di cuenta es que en momentos límite, al cuerpo le entra una energía misteriosa que no se sabe de donde viene, por lo de volar por el muro, la verdad que es curioso cuando el peligro acecha como el cuerpo cambia y parece que nos invade otra dimensión desconocida, creo yo que todo está aquí, al ladito, lo único que hay que abrir una puerta para dejarlo entrar, y yo a partir de aquel momento ya no he vuelto a abrir ninguna, por pensar que se cuele otro tan malo que me pueda dejar ko. Aunque si aquella vez llego a pasar al otro lado y me lo encuentro cara a cara en su terreno, la verdad que la cosa hubiera sido de otra manera, no se si allí se pueden arreglar las cosas como aquí, como ocurre muchas veces, a tortazo limpio por su criminal hecho y una vez muertos, por arreglar entuertos, ¿nos podemos volver a matar?....
Hubo un tiempo que me dediqué en cuerpo y alma, sobre todo alma, a adivinar el oscuro mundo de ultratumba, ese que según dicen es el que nos toca cuando dejamos de estar en este otro ultraterreno, aunque más bien para muchos es un pisar terreno sin muchas ultranadas, nada, el pasar sin pena ni gloria. Pues en esos tiempos oscuros en los que mi vestidura acompañaba al sentimiento, juventudes cambiantes, siempre iba de negro, como un enterrador con su pala para ir desenterrando misterios; no tenía tan solo ganas de estudiarlo en los más raros libros de magia y otras artes paranormales, sino de experimentar todo eso de lo paranormal, porque esas cosas de normal no tienen nada, más bien algo muy dado al que cree firmemente en sus efectos, como una lectura fantástica ubicada en Turín, lugar donde hubo una plaga, no de peste, sino de posesiones diabólicas en un tiempo que eso estaba hasta en la sopa, mas no hubo ningún ateo que fuera poseído por un ser que en su mente no pulula, cosa curiosa eso, por lo visto querer es poder.
Mas a mi sin querer pudo y en una noche gris con aires de tormenta, a altas horas de la madrugada y en compañía de otra bruja, por sus ropas negras como las mías, pero los dos sin escoba; tuvimos la experiencia, al menos yo que siempre me llevo los palos, de ser agredido sin miramientos por un descarnado, eso creo, ya que no me quedé más tiempo en el lugar para preguntar porque leches me había pasado eso.
Noche como siempre en aquellos tiempos cargada de fiesta pachanguera y después del efluvio de los licores mundanos y poseedores del espíritu débil, - no se lo que posee más si don Lucifer o don J-B -, cuatro amigos quedamos en ir a mi casa a seguir con la ronda, con champagne o cava como se le quiere llamar ahora y charlas hasta altas horas de la noche. Mediados de octubre y como siempre en ese tiempo el alma pidiendo misterios. Pues de misterios acabó la tertulia entre los cuatro y después del bebedizo espumoso, ella y yo, los otros dos no quisieron, encantados por el poder surgido de una verde botella, mágico elixir de la uva, envalentonados por su energía, surgió la propuesta de ir a sentir el miedo a un cementerio, los dos se rajaron más bien por su estado demasiado poseído por la burbuja malandrina, pero nosotros dos con ganas de seguir el hilo de nuestra curiosidad, esa que mató al gato y por poco me deja a mí en lugares santos, coger una botella llena del brujo Codorniu y ala para las murallas del misterio.
Llegamos al lugar y al no poder entrar por la vetada entrada, cerrada a cal y canto, enfilamos mi auto a la parte de atrás y aparcando el mismo cerca de la muralla, subimos a su techo y de ahí a la cima, andando como funámbulos e intentando no perder el equilibrio, hasta un lugar lleno de enredaderas por el que nos desenredamos a tierra; oscuro lugar y oscuras tumbas por doquier y nosotros dos oscuros, nada la cosa estaba muy negra. Empezamos a dar vueltas acompañadas de sorbo va y sorbo viene, más otras cosas para pasar el rato, y en esto que mi bruja se acordó de un pariente extinto y hacia allí nos dirigimos para ella poder dar una memoria a su difunto. Yo mientras al ver una fuente olvidada de aguas pútridas plena, me senté en su orilla cansado de dar vueltas y con la botella verde entre las rodillas, a partir de ahí empezó la pesadilla....

No se de donde ni como pero si su fuerza, una presión sin brazo pero presión con efecto, se apoderó de mi cuello, de golpe hacia atrás me dobló como si fuera un muñeco y acabé tendido entre el agua podrida que estaba atrás esperando mi llegada, empecé a patalear entre el lodo y el líquido asfixiante, ya que esa cosa no me soltaba, cuando después de algunos largos tragos por querer pedir ayuda y en vez de surgir palabras entraba el sucio agua pensé - aquí te quedas-, de golpe una mano amiga de un tirón me hizo sentar, en una charca que no tenía ni medio metro de hondo, nos miramos estupefactos, ella blanca y yo negro, por la mierda de la charca, y saltando del interior y corriendo como locos dejando allí abandonada la culpable de nuestros equívocos, la verde botella, corrimos a todo correr escalando el alto muro como lagartos perseguidos por un depredador maligno, nos subimos al coche, di marcha atrás dejándome parte de los faros, un buen bollo como recuerdo y mi asiento sucio por el ungüento maldito o lodo embadurnado a mi cuerpo. Ahí no quedo eso después de estar más callados que una tumba sin poder dar explicación al hecho, dejé a mi bruja en su morada y yo me dirigí a la mía. Me duché con la ropa puesta y encendiendo velas positivas por doquier, insté al espíritu cabreado que me perdonara por haber usurpado su descanso. Una vez hecho entender mi ruego intenté dormir lo que pude, más al poco rato, no se si era por el elixir de la verde botella o por la porquería bebida del estanque, me puse tan enfermo que pensé, en el estanque no me he quedado pero aquí si en mi cama, por pillar una gastroenteritis de cuidado por el pútrido líquido del asquerosos charco. Visita al médico al día siguiente, jarabes y pastillas para curar los males del cuerpo, los del espíritu no podía ya que el cuerpo no me dejaba, por tener todo el rato que pensar en el. En dos semanas que duró el trance me olvidé por completo de su causa, después de volver a encontrar a mi bruja con mi salud ya recobrada no le dimos importancia al hecho, no tenía explicación, y como jóvenes que quieren vivir la vida y olvidarse de los muertos, seguimos con lo nuestro dejando el tema olvidado en la memoria.
Nada, que no se si existe la ultratumba, pero lo que si me di cuenta es que en momentos límite, al cuerpo le entra una energía misteriosa que no se sabe de donde viene, por lo de volar por el muro, la verdad que es curioso cuando el peligro acecha como el cuerpo cambia y parece que nos invade otra dimensión desconocida, creo yo que todo está aquí, al ladito, lo único que hay que abrir una puerta para dejarlo entrar, y yo a partir de aquel momento ya no he vuelto a abrir ninguna, por pensar que se cuele otro tan malo que me pueda dejar ko. Aunque si aquella vez llego a pasar al otro lado y me lo encuentro cara a cara en su terreno, la verdad que la cosa hubiera sido de otra manera, no se si allí se pueden arreglar las cosas como aquí, como ocurre muchas veces, a tortazo limpio por su criminal hecho y una vez muertos, por arreglar entuertos, ¿nos podemos volver a matar?....

















